viernes, 24 de septiembre de 2010

Un Café Contigo

Debo aprender lo grato de compartir un café contigo. Debo entender que si no eres tú quien se sienta en esta mesa, entonces no tengo razón de respirar.

Resulta un poco difícil acostumbrarme a este amargo sabor. Me siento preso en esta silla sin poder mirar a mi alrededor. Siento fuertemente tus ganas de amarrarme para que estáticamente pueda apreciar el destello de tu presencia. Si pudiera ver algo más de seguro estaría inserto en una pesadilla andante. También sé que no he perdido la batalla, y que aunque mi mundo esté tentado por tu simpatía, sé y entiendo que no es contigo con quien debo permanecer.

Convivir contigo es quizás uno de los retos más grandes que he tenido que afrontar en mi corta vida. Sé que lo he hecho bien a mi manera, aunque algunas veces quiera salir corriendo para no verte más. Es difícil saber que eres como el viento, no te veo pero te siento.

Moriría de pena si me identifico con el conformismo. Piensas que al ser yo conformista tú encontrarás ese bienestar que tanto te agrada. Creo que lo último que haría en mi vida sería sentarme frente al río a ver el mismo paisaje al amanecer y al anochecer.

Disfruta el sabor dulce de un café que para mí es amargo. Porque de un momento a otro el reloj de arena para ti dejará de funcionar. Y es allí donde yo quiero estar, para decirte que supe convivir contigo, que supe apreciarte cuando debí y que supe agradecerte por todo lo que me brindaste.


jueves, 9 de septiembre de 2010

Lágrimas y una Canción

"Sabría describir ese sonido que mi tímpano percibe armónicamente. Si hay algo que no podría confundir, es lo que soy cuando escucho su sentir en mi interior"



No importa si el tiempo se detiene. Tu edad mucho menos interesa. El sentimiento y la fuerza de su esplendor es mucho más alucinante que cualquier transitoriedad de la vida. Es capaz de sacarte de lo más hondo del ahogante torbellino de tristeza en tu alma o por el contrario, es audaz para dejarte sumergido en el hueco por un largo período.

Para muchos resulta ser un aliento de valor, para otros un suplicio que atormenta el corazón. Sin embargo el dolor que pueda causar es placentero porque de alguna manera te libera de aquello que te tiene oprimido. No desearías que falte en tu vida porque es complemento de tu existencia.


La música es así, una mezcla de sentimientos que transporta el sentido de la razón a lugares remotos que de otra manera no podrías explorar.


"Si pudiera quedarme aquí estancado, estoy seguro que así sería, en este lugar no existe el odio ni el amor. Es un período de trance entre lo que soy y lo que vivo y siento a mi alrededor"




Dedicado a la música como fuente de vida para el ser humano

miércoles, 8 de septiembre de 2010

8:00 AM




Seguía esperando aquello que creyó regresaría. La verdad era mucho lo que le pedía al tiempo. Es quizás un poco engorroso tener que detenerse a ver los parajes del destino y encontrarse con la sensación de desasosiego que invade el alma y al ser humano en momentos de reflexión.

La dulce espera es quizás un trago amargo de lo que se sabe nunca llegará, pero no importa. Todo lo que el ser humano tiene es montarse en el primer tren que encuentre y admirar los paisajes desde la ventana. Toda esta meditación le llevó a comprender algo: Sabía que si contemplaba detenidamente aquellos parajes fantásticos distraería su principal razón de andanza, de lucha; perdería la brújula que le ha guiado desde los rincones remotos de aquella grandeza hasta la materialización de eso que llama "Ser".

Para ella quizás el paisaje resulte atractivo y quiera bajarse en cada parada de ese tren y así adentrarse y descubrir detenidamente cada fantasía, cada rayo de luz que se cuela a través de los grandes robles, cada sonido que la sabia naturaleza por inercia produce a su alrededor y cada fuerte zumbido que su corazón hace al encontrarse plenamente seducido por aquella inmensidad. Pero a la vez piensa que es mejor llegar temprano a la estación de trenes, sentarse sobre aquel viejo y enmohecido banco que la aguarda todas las mañanas.

A las 8:00 am del día siguiente ella podría tomar otro tren con otro destino, quizás incierto o tal vez enteramente conocido. Pero al fin y al cabo es otro destino que con el pasar del minutero, cambia paradójicamente a su estática forma. Porque no es lo mismo ver la luz del sol al amanecer que contemplar el brillo solar que se cierne sobre la montaña al atardecer. No es lo mismo ver la vida a las 8:00 am en aquella vieja estación de trenes que sufrir un terrible sueño donde el minutero esté detenido a las ocho en punto.