Podría pasar sentado toda la noche bajo esta cálida brisa y el cielo estrellado que contemplan mis ojos, podría de igual manera cerrarlos y confiar en que bajará un destello de luz que llene mi corazón de valentía y serenidad.
Quizás sorpresivamente se torne de un color grisáceo y envuelva mis peores sentimientos bajo un manto que me cobije. O quizás el brillo de las estrellas me haga sumergir dentro del infinito mar de los deseos humanos. Abstraerme a tal punto de no encontrar retorno, de olvidar por un momento aquello que siento y escucho. Transportarme a los lugares más inhóspitos del planeta. Un punto detenido en el tiempo, en una dimensión desconocida donde solo esté yo, junto a un reloj de arena que indica el tiempo que he estado deseando una noche sin fin, un destello perpetuo y un aire envolvente que me eleve a lo más alto.
Estoy seguro que sino estuviera escuchando una música armoniosa como la que oigo dentro de mí, la inmensidad sobre esta noche estaría incompleta; sería solo un punto dentro de un inmenso pergamino llamado universo. Pero sé que estar en este estado me hace sentir la brisa cálida bajo el jardín al que suelo acudir cuando quiero reflexionar.
Sin duda alguna seguiré dando PLAY a mi mundo interior, seguiré sucumbiendo ante el avasallante torbellino de emociones que me envuelve. Todo esto mientras mi imaginación conecte con lo más esencial de mi ser y me haga vislumbrar que soy una pequeña estrella dentro de un infinito e inmenso universo de vida y esperanza.