Seguía caminando sola y sin poder si quiera comprender la complejidad de su existencia. Isabella sin duda alguna sabía que el destino no es siempre automático sino que el ser humano influye en su desarrollo, aunque esto no le preocupaba mucho pues a estas alturas ya ni sabía por qué luchar o por qué continuar.
A través de personas que pasaban a su lado, tenía espejos vivientes en donde reflejaba su soledad. Y es que tener una sonrisa de oreja a oreja diariamente le ha costado algunos sacrificios sentimentales, varios retiros de nostalgia y profunda tristeza de su rostro. Todo esto para poder demostrar al mundo que ella sigue en pie y adelante, que es fuerte e indestructible, que sabe cómo sobreponerse a la adversidad. Cuando en realidad en su interior una profunda soledad va consumiendo poco a poco su alma.
Transcurren sus días en una absoluta monotonía. El único incentivo diario que recibe es una nota vieja y arrugada que lleva consigo a donde quiera que vaya. Al parecer esto es lo unico que logra sacarle una mínima sonrisa por algunos minutos.
La ciudad pareciese tener el mismo estado de animo de Isabella. El aspecto grisáceo y oscuro de un amanecer le da a demostrar que asi esta su corazon. De la misma tonalidad que ese cielo opaco y triste.
Hace caso omiso a todo sentimiento opresor que pueda estar afectando su alma y decide salir como lo hace diariamente. Cruza las mismas esquinas y veredas que la conducen a su sitio de trabajo. Saluda al señor del kiosco de la esquina como de costumbre. Pasados 15 minutos ya se encuentra sentada frente a ese aparato donde transcurre toda su jornada como si se tratase de su vida misma. Eternas son las veces en que mira su reloj y comprende que aún le queda mucho por hacer y nada por querer terminarlo.

1 comentario:
Me encantaaaaaaa! tu profe de redacción si tenía razon al decirte que escribes muy bienn!!...ya veré en un futurooooo un libro tuyo :D
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