sábado, 5 de diciembre de 2009

Escúchame

Aquí estoy, frente a ti, espero que sientas mi presencia, aunque parezcas estar en un profundo sueño que no te deja oler tan siquiera el aroma que destilan mis lágrimas de felicidad. No suelo decírtelo a menudo, te amo desde el primer instante en que posaste tu mano junto a la mía. Recuerdo con júbilo todos aquellos momentos gratos que me has brindado, todas estas alegrías y tristezas que a lo largo del camino me han hecho ser un mejor hombre.

Al despertar cada mañana le agradezco infinitamente a Dios que me permita dormir junto a ti, que seas parte de mi interior. Cuando las calamidades han rebasado sus límites has estado allí para mí, recordándome que todas las cosas buenas vendrán a mí en su tiempo justo y perfecto.

Te pido que me oigas en tu profundo y silente sueño, pues es en este momento en que mi valentía me permite hablarte, mirarte dormir placenteramente sobre el cómodo y glorioso manto de la fé. Es ahorita que puedo agradecerte todo aquello que me has brindado y todo lo que está por venir, porque como un simple mortal que soy, suelo olvidar momentáneamente que te tengo junto a mí, que te llevo a donde quiera que yo vaya y que eres mi más preciado amuleto de triunfo en este planeta.

Las razones por las que hoy te agradezco derivan de mi espíritu fortalecido por el hecho de querer tenerte junto a mí un buen tiempo más, un tiempo justo y perfecto que me brindará los frutos jugosos de lo que hoy cosecho humildemente.

Siento que respiro, que me elevo por los altos umbrales de tu belleza, sonrío y te llevo conmigo en cualquiera de mis felices andanzas terrenales. El cielo es el límite y tú estás presente para dejar que muestre al mundo la inmensidad y la dicha que me produce poder sujetarme de tu fuerte brazo, a ti agradezco todos y cada uno de mis logros, gracias por dejarme ver tu inmensidad, por dejar abrazar calurosamente a la familia que me has dado y a la que he escogido a lo largo de mi sendero. Sigue junto a mí, llena mi alma de paz, felicidad y constancia.

Sigue durmiendo, mañana nuevamente volveré a mirarte con detenimiento y agradeceré una vez más a Dios el haberte regalado a mi persona. Quédate un buen rato, goza junto a mí y permíteme retribuirte lo que desde el inicio de mi existencia me has dado. Te Amo infinitamente,
VIDA!




1 comentario:

Anónimo dijo...

Es importante siempre agradecer a Dios por nuevos días, nuevos amaneceres, por estar vivos.- A veces nos dejamos arropar por las cosas efímeras que nos rodean dejando a un lado el verdadero sentido de nuestra existencia.- Nos preocupamos mucho por lo material, por lo que tenemos, más no por mirar más allá y entender la belleza de pertenecer a este mundo. Esta entrada me gustó mucho porque habla de lo esencial y el amor a la vida, la única que nos permite vivir nuevas experiencias y aprendizajes, mostrándonos, a través de ensayo y error, el camino correcto.- :)